Monasterio de Cañas

monasterio de cañas

En el monasterio de Cañas no se ve la luz como en cualquier sitio, aquí a través de sus ventanales se vislumbra el pasado. Cañas, cuna de Santo Domingo de Silos.

 

Un paisaje verdaderamente hermoso rodea al monasterio cisterciense de Santa María del Salvador.

Fundado en 1169 por los padres de Doña Urraca López de Haro, fue declarado Monumento Nacional en 1943. A él se trasladó doña Urraca, que llegó a ser abadesa del monasterio con su madre cuando contaba tan sólo un año de edad, tras la muerte de su padre.

Especialmente interesante es la Sala Capitular, convertida en museo. Se inició en el siglo XII y fue terminada a finales del XIII. En el centro, una columna monolítica con forma de crucería apoyando la bóveda le prestan una esbeltez que sólo puede apreciarse cuando se disfruta de su contemplación. Una serie de ventanales bordados en piedra por ambas caras con motivos florales son el remate airoso de tan singular y hermoso recinto.

La Iglesia, del siglo XII, fue planificada sobre tres naves paralelas que se cortan al llegar al crucero. Una de ellas sirve de pórtico de entrada. Tiene 24 rasgados ventanales que le proporcionan un torrente de luz, difícil de describir y que sólo puede apreciarse cuando se esta allí. El ábside, en particular, es un verdadero prodigio de luminosidad.

Sus 14 ventanales, en doble piso, están unidos por una serie de pequeñas columnas que recuerdan un conjunto de cañas, quizás evocando al nombre del lugar. De la Iglesia podría decirse que tiene más metros de luz que de muro, muchas de cuyas piedras conservan el cuño del cantero que las labró.

El monasterio es uno de los institutos religiosos femeninos más antiguos de la Cristiandad.

Es una Comunidad de Monjas de Clausura, de la Orden Cisterciense la que, desde su fundación en 1170, habita esta Abadía. Los Cistercienses constituyeron en 1098 una reforma dentro de la Orden Benedictina, en un afán de volver a un cumplimiento más austero de la Regla de San Benito de Nursia, promovida por San Roberto, San Alberico y San Esteban Harding, que fueron los primeros abades de Cister.

Un paisaje verdaderamente hermoso rodea al monasterio cisterciense de Santa María del Salvador.

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