Historia de La Rioja - Historia de Logroño - Historia ilustrada de Logroño

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Historia de La Rioja

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La historia de La Rioja. El rasgo historiográfico más destacado de La Rioja, durante gran parte de la primera mitad del siglo XIX, es sin duda, la formación de la conciencia provincial. Por encima, incluso, de la I Guerra Carlista. La búsqueda de la emancipación administrativa no debe sólo interpretarse en clave externa sino también en razones endógenas, sobre todo en la inquietud general, extendida por toda España, de reformar el complejo mapa político-administrativo heredado del Antiguo Régimen.

Esta inquietud trasluce en las juntas y sociedades creadas a finales del XVIII, en claro corte ilustrado, en el rechazo al invasor francés y en las reivindicaciones regionales ante las Cortes de Cádiz, que se convirtieron en efímera realidad durante el Trienio Liberal.

Desde finales del siglo XVI estaba La Rioja repartida administrativamente en dos grandes mitades: la actual Rioja Baja dependía de la provincia de Soria y la Rioja Alta y Rioja Media, de la de Burgos.

Las reclamaciones de autonomía administrativa para La Rioja durante el Trienio Liberal fueron conducidas desde dos frentes que cooperaron mutuamente aunque sin llegar a fusionarse del todo. Por un lado trabajaron los rupturistas que apoyaban la Carta Magna de 1812, o sea, la generación política emanada de la guerra; y por otro la colaboracionista con el régimen de Fernando VII Sociedad Patriótica Riojana. El primer grupo buscó organizar un “movimiento municipalista” global que participara en las reivindicaciones provincialistas; y la Sociedad usó de sus conocimientos e influencias para mover los hilos desde Madrid en momentos conflictivos. El movimiento municipalista inició sus trabajos políticos un mes después de jurada la Constitución de Fernando VII con “una reunión patriótica de vecinos de Logroño” que elaboraron un escrito reivindicativo. El movimiento tuvo efecto inmediato y en menos de dos meses se habían realizado al menos dos reuniones de los representantes de los partidos judiciales riojanos, entonces repartidos entre otras provincias.

El “movimiento municipalista” riojano llegó también a un consenso con la Sociedad Económica de La Rioja, pese a sus diferencias políticas y publicaron conjuntamente en 1820 una exposición que presentaron al Congreso Nacional en apoyo de su solicitud para que La Rioja formase provincia independiente.

La intervención de la Sociedad Patriótica Riojana, fue encauzada por su secretario, el ilustrado Martín Fernández de Navarrete, quien insistió que concediera a La Rioja “un ser político y el lugar que debe ocupar entre las Provincias del Reino” La petición de Navarrete a Fernando VII concluía así: “Conceder a la ilustre y fecunda Rioja el título de Provincia independiente, fijando sus límites desde los Montes de Oca hasta el Río Alhama en su longitud, y desde las cumbres de los Montes de Cameros hasta los de Toloño y Sonsierra en su latitud que son los mismos que la naturaleza le ha señalado, y separarla de la Provincia de Burgos, Álava y Soria.

La conjunción de los intereses económicos de los grandes hacendados riojanos y de las ideas políticas liberales de los “patriotas exaltados” fueron tenidas en cuenta por los encargados de realizar el proyecto de división provincial durante el Trienio Liberal. Por ello, La Rioja aparece como provincia del reino en el segundo proyecto de Felipe Bouzá y de su ayudante Larramendi en el año 1821. Se imprime con el título de “Informe de la Comisión de División del Territorio Español” y es leído en la Sesión de las Cortes del 19 de junio de 1821, para discutirse durante ese año.

La Rioja se formó como nueva provincia en el siglo XIX a raíz de la suma de varias poblaciones de Burgos, Soria, Álava y Navarra

En total se recogían unas trescientas poblaciones pertenecientes a cinco provincias: Soria, Burgos, Álava, Navarra y Zaragoza. Las dos más afectadas eran Soria, con 143 y Burgos, con 125. Mientras que a la de Álava se la restaban 19; a la de Navarra 9; y a la de Aragón, sólo una: Tarazona.

El proyecto tuvo sus enemigos, principalmente desde Soria, aunque tras su tramitación las inclusiones en la futura provincia fueron adelgazando. Sólo las 19 poblaciones de la provincia de Álava solicitadas, incluidas en el proyecto se respetaron. En el caso de Navarra, el proyecto incluía nueve poblaciones al este de la nueva provincia de Logroño y ninguna al norte, sin embargo, en el Decreto de Constitución de la provincia se recortaron las primeras hasta sólo tres: Corella, Cintruénigo y Fitero, y se incluían dos al norte no proyectadas: Viana y Aras. Tampoco se integraba la ciudad aragonesa de Tarazona, que si lo estaba en el proyecto primigenio.

Sobre Burgos, el proyecto contemplaba el partido de Belorado, pero sus municipios solicitaron a las Cortes seguir en Burgos, aunque sí se incluyó todo el partido de Santo Domingo de la Calzada, el de Haro y algunos pueblos del de Miranda, entre ellas Altable.

Más conflictiva fue la integración de las poblaciones sorianas, pues reclamaba 150 municipios. Pero, además, el proyecto trasladaba la capital al Burgo de Osma, anulando el papel tradicional de la ciudad de Soria. Al verse acorralada, la capital dio una respuesta contundente.

Así el 18 de octubre de 1821 llegó al Ayuntamiento de Logroño la noticia de que “las Cortes declaran a La Rioja como provincia independiente bajo la denominación de provincia de Logroño y por capital a esta Ciudad”. Se lograba de esta manera lo ansiado durante tanto tiempo. Al fin La Rioja era provincia independiente e, incluso, con más extensión territorial de lo previsto. Su constitución se había debido al impulso político del régimen constituyente nacido de un “pronunciamiento militar” y en el ejército del constitucionalismo democrático liberal. Pero la práctica de una administración provincial iba a ser efímera. En realidad no llegó a un año, aunque legalmente alcanzara los veinte meses. En tan corto tiempo casi ni se pudieron reunir “los expedientes de las poblaciones” procedentes de las administraciones anteriores. Si bien la primera Diputación Provincial de la Provincia de Logroño se constituyó el 5 de mayo de 1822. La experiencia provincial murió definitivamente en octubre de 1823 después de que los Cien Mil Hijos de San Luis restablecieran la monarquía absoluta, con Fernando VII como garante.

No sería hasta el 30 de noviembre de 1833 cuando el ministro Javier de Burgos crease la división administrativa definitiva -la que existe en la actualidad-, y fuese La Rioja reconocida como provincia.

La provincia de Logroño no pasó a denominarse definitivamente de La Rioja hasta el 25 de noviembre de 1980

Con los nuevos planteamientos de reforma administrativa del Estado, nacidos al desaparecer la dictadura franquista en 1975, se pone en marcha la reivindicación de que la provincia dejara de llamarse de Logroño y pase a denominarse de La Rioja. Fue el 25 de noviembre de 1980

Ocupación musulmana y reconquista de La Rioja

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Sobre la ocupación musulmana de la zona tampoco existen datos relevantes en los primeros cien años, salvo que Alfonso I de Asturias, aprovechando varios años de seguía en la región, irrumpió con sus tropas por la Bureva y Pancorbo en el valle del Ebro hasta Calahorra y conquistó por primera vez Logroño en el año 755.

Cuatro años más tarde Abderramán I recuperaba la zona y se volvía a la situación anterior.

Desde finales del Siglo VIII hasta principios del X destaca en la zona del Ebro, que los historiadores musulmanes denominan la ‘Frontera Superior’, la familia de los Banu Qasi, (‘hijos del conde Casio’, noble visigodo convertido al Islam) que supieron aliarse con las gentes del país y así establecer un gran frente defensivo a lo largo del valle del Ebro, en el vértice entre Navarra, Aragón y La Rioja, fieles al emir omeya Abderramán y a su hijo Hishan I.

Sus plazas fuertes fueron Tudela, Tarazona y Borja en Aragón; Valtierra y Deyo de Estella en Navarra y Arnedo, Viguera y Albelda (Al Baida = ‘la blanca’) en La Rioja. A partir de 915 se inicia la decadencia de los Banu Qasi pero Calahorra, Arnedo y Alfaro fluctúan durante un siglo más entre moros y cristianos. Por eso, la parte más oriental de la Rioja conserva todavía hoy reminiscencias árabes notables (en Arnedo, Cervera y Alfaro, por ej.) y su reconquista sería más compleja y tardía: las tierras del valle del Alhama seguirían en poder musulmán hasta que el rey Alfonso I de Aragón conquistó Tudela y Tarazona en el año 1119. Es a partir de entonces cuando las plazas de Alfaro y Cervera pudieron vivir tranquilas y quedó totalmente liberado el territorio de La Rioja actual.

En los cuatro siglos que duró la dominación árabe sobre alguna de las zonas del territorio riojano, la región fue una especie de ‘tierra de nadie’ y la población estuvo sometida a continuos ataques y escaramuzas por parte árabe. Eran frecuentes en esos años las ‘azeifas’ de rapiña contra las poblaciones campesinas y las devastadoras razzias árabes, sufridas cada verano. Durante casi un siglo (759 – 844) la línea del frente se podría situar entre los valles del Najerilla (Grañón y Nájera) y del Iregua – Viguera y Albelda (Clavijo)

Logroño, aldea insignificante en esa época, quedaba justo en el límite de la ‘Frontera Superior’ del territorio musulmán, fortificado en las plazas de Viguera y Al Baida (Albelda) y estas fortalezas serán el foco de la confrontación para los monarcas asturianos – leoneses (Los Ordoños y Ramiros) y navarros – (los Sánchez Garcés).

La Rioja bajo la hegemonía Navarra

El segundo impulso decisivo en la reconquista de La Rioja tuvo lugar a principios del Siglo X bajo el reinado de Sancho (Garcés) I de Navarra (reinó de 905 a 925), que llegó hasta el Ebro que, con el apoyo del rey de León, Ordoño II, recuperó Grañón (899) y Nájera (918) y ocupó temporalmente las plazas de Tudela, Calahorra y Viguera (923).

Abderramán III, sin embargo, recuperó estas ciudades, fortificando de nuevo Calahorra.

Por esos años, el límite de la reconquista en Castilla y León lo formaba el Duero y en la parte de Navarra y Aragón, el Ebro.

Los sucesores en el reino de Pamplona, García Sánchez (925-970), Sancho Garcés II -Abarca- (970-994) y Sancho III el Mayor (1004-1035), establecieron su moradapermanente en Nájera y extendieron sus dominios desde Cataluña hasta Galicia por el Norte del Duero y Ebro. El hijo de este último, Don García (Sánchez III) ‘el de Nájera’ conquistó definitivamente Calahorra en el año 1045.

La Rioja pasa a ser Castellana

En esos tiempos, Logroño y La Rioja viven momentos decisivos de su historia, marcada fundamentalmente por las luchas entre navarros y castellanos por su hegemonía.

Por cuestiones fronterizas, los herederos de Sancho III, el rey de Nájera – Pamplona, Don García y su hermano Fernando I, que se había autoproclamado rey de Castilla (por aquél tiempo condado dependiente de Navarra), guerrean entre sí y, en el año 1054, Don García es derrotado y muerto en la batalla de Atapuerca, a las puertas de Burgos.

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Su sucesor en el trono de Nájera, Sancho Garcés IV, tendría también un fatal destino al morir despeñado en Peñalén (actual Villafranca de Navarra) el 4 de Julio de 1076 y con él acabaría el reino de Nájera – Pamplona y la hegemonía Navarra sobre las tierras riojanas.

Muerto el rey Sancho el de Peñalén, Navarra pasaría a manos de Aragón, pero los territorios de La Rioja eran anexionados a Castilla.

El personaje clave de este cambio de rumbo fue el rey castellano Alfonso VI en las postrimerías del S. XI, quien, después de haber unificado bajo su mando los reinos cristianos al norte del Duero de Galicia, León y Castilla, superada la afrenta a la que le sometió El Cid Campeador en el Juramento de Santa Gadea (Burgos), diseñó una perfecta estrategia política para asegurarse el dominio sobre las tierras de La Rioja y ganarse la lealtad de sus gentes a base de favores y concesiones que pronto vamos a describir.

Primero, se apresuró a casar a su alférez Don García Ordóñez con la riojana Doña Urraca, Señora de Alberite, hermana del rey despeñado y, por tanto, hija del Rey Don García el de Nájera, honrándoles con el título de Condes de Nájera, Calahorra, Grañón y Arnedo y dotándoles de casi plena jurisdicción en los territorios de La Rioja.

Así daba continuidad, de algún modo, a la antigua tradición y esplendor del ‘reino de Nájera’, mantenía el autogobierno de la Rioja y se ganaba la confianza de sus pobladores. En efecto, unida La Rioja a la corona de Castilla y León, el ‘reino de Nájera’ conserva parecida autonomía a la que disfrutó con los reyes de Pamplona y esta denominación se mantiene durante 300 años, desde 918 a 1239, cuando las titulaciones regias sustituyen el nombre de Nájera por el de las plazas andaluzas conquistadas (Sevilla, Jaén, etc.)

Este trato de favor, sin embargo, pronto desencadenó reacciones de amargas consecuencias para las villas y poblados de La Rioja. La rivalidad entre el Conde García Ordóñez, el propio Alfonso VI y el Cid Campeador acabaría en un episodio de guerra y destrucción: en la primavera de 1092 el Cid, al frente de un aguerrido ejército de moros y cristianos, unidos en extraña alianza, irrumpió desde Zaragoza en tierras riojanas, tomó Alfaro, destruyó Alberite y saqueó Logroño ‘con gran encendimiento de fuego por toda la tierra’, como cuenta la primera crónica de Cerdeña. Después se volvió a Zaragoza sin llegar a guerrear con el conde riojano que, prudentemente, no aceptó salir al encuentro de su rival.

Logroño, Capital de Provincia

El día 18 de octubre de 1821, se declaró a La Rioja como provincia independiente bajo la denominación de “Provincia de Logroño” y por capital Logroño.

Ya en 1812, las Cortes Constituyentes de Cádiz habían promulgado un documento titulado “Constitución Política de la Monarquía Española” en el que se especificaba en el artículo 11 que “Se hará una división más conveniente del territorio español por una ley constitucional, luego que las circunstancias políticas de la nación lo permita.

Primeros riojanos

El deseo de un cambio en el Gobierno interior de las provincias y de los pueblos había surgido ya cuando el territorio se hallaba ocupado por las tropas napoleónicas. Dos años antes el rey José I había firmado, un decreto por el que se constituían en España, siguiendo el modelo francés, 38 prefecturas, que se dividían en subprefecturas y éstas, a su vez, en municipalidades.

Tras el descalabro napoleónico, este intento de división pasó al olvido, como sucedió con las Constitución de 1812, pues cuando Fernando VII regresó a nuestro país, anuló por completo la obra de los constitucionales y ,aunque posteriormente no tuvo más remedio que jurarla, nuevamente volvió a dejar sin efecto los actos del Gobierno Constitucional, por lo que quedó sin efecto el decreto de 1822, que dividía el territorio nacional en 52 provincias.

Según esa primera distribución territorial, creada en base a criterios geográficos más que políticos, curiosamente se adjudican a la Provincia de Logroño territorios de otras provincias limítrofes: la llamada ‘La Riojilla Burgalesa‘ con el partido judicial de Belorado, La Rioja Alavesa más allá del Ebro hasta la Sierra de Cantabria. De Soria se había incluido una amplia franja al sur de la provincia, así como de Zaragoza y de Navarra por el este.

Deberían pasar once años para que nuestra provincia fuese creada de forma definitiva, mediante un decreto de fecha 30 denoviembre de 1833.

Su autor fue Javier de Burgos, ministro de Fomento. De ese modo, así surgió administrativamente en base a 121 pueblos de la provincia de Burgos y de 170 de la de Soria, desglosados de la siguiente forma: 6 ciudades, 178 villas, 6 lugares, 98 aldeas y 3 despoblados y caseríos.

La “Provincia de Logroño” permaneció como tal, en líneas generales, hasta 1978, cuando, al amparo de una novísima Constitución, nuestra provincia accedió a convertirse en “comunidad Autónoma”, según la nueva configuración del Estado Español.

El renacimiento económico se debió a su naturaleza de centro de abastecimiento durante las Guerras Carlistas. La producción agrícola alcanzó, a principios del siglo XX, una gran importancia y otorgó a Logroño un gran dinamismo. En 1936 se rebeló contra el Gobierno de la República.

A partir de 1971 y gracias al Polo de Desarrollo, se experimentó una importante recuperación económica, basada en el desarrollo de la agricultura y la industrialización. Fue a partir de los años noventa cuando la ciudad se convirtió en un importante centro comercial, de comunicaciones y administrativo. La Universidad Pública de La Rioja abrió sus puertas en 1991.

Logroño Capital de la Comunidad Autónoma de La Rioja

El día 15 de noviembre de 1980, la denominación de “Provincia de Logroño” pasó al mejor de los recuerdos inició su andadura la de “Provincia de La Rioja”.

El 8 de mayo de 1981 se firmó en San Millán de la Cogolla el correspondiente “Estatuto de Autonomía” de nuestra región, aprobado por las cortes el 25 de mayo de 1982, y por Ley Orgánica el 9 de junio de ese año.

La bandera de La Rioja, promovida por la legislación provincial, se registró el 14 de agosto de 1978.

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Historia de Logroño antiguo e historia de La Rioja. El rasgo historiográfico más destacado de La Rioja, es la formación de la conciencia provincial
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