Anexión de Navarra a Castilla

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Anexión de Navarra a Castilla

La paz no llegaría hasta que, unidos todos los reinos de Castilla y Aragón bajo la única corona de Isabel (1451-1504) y Fernando (1452-1516), las cortes navarras juraran fidelidad al rey Don Fernando (1513), a cambio de mantener sus fueros y privilegios, incorporándose el viejo reino, en principio, a la Corona de Aragón y de facto a Castilla, pues tras la muerte de Isabel era Fernando ‘el católico’ el monarca común de ambos reinos .

Esta anexión no fue aceptada tan libre y unánimemente por todos los navarros, como puede parecer en un primer momento, pues había sido precedida por la victoria del rey Fernando contra Luis XII, rey de Francia, en una de sus guerras en la que el monarca navarro, Enrique de Albret, estaba aliado con los franceses. Así, el rey Fernando, hábilmente, con las tropas comandadas por el Duque de Alba, se apoderó de Navarra en pocas semanas, destituyendo al rey y logrando así su anhelado propósito: la unidad de todos los reinos.

Consecuencias

La anexión de Navarra tuvo consecuencias favorables para toda la región. Primeramente, Fernando el Católico reforzó la línea del Ebro para rechazar cualquier brote de resistencia o de insurgencia por parte de la vecina Navarra, concentrando en un solo corregidor, Don Pedro Vélez de Guevara, representante de la autoridad real, el mando tanto civil como militar sobre las tres plazas fuertes de Calahorra, Logroño y Laguardia. Aparte de este refuerzo militar, las ciudades y villas de La Rioja adquieren más importancia como consecuencia de las visitas regias, se mejoran los mercados y ferias y con ello aumenta la artesanía, el comercio y, en definitiva, el bienestar de la población.

Cultura

En lo cultural, especial mención merece la instalación de la primera imprenta en Logroño en 1501, de la mano del impresor alemán Guillén de Brocard, autor de la Biblia Políglota, que siguió frecuentando sus talleres de Logroño, a pesar de ser requerido por el cardenal Cisneros en 1510 para trabajar en Alcalá. Los Brocard tuvieron sucursales en Valladolid, Toledo y Alcalá, aunque Arnao de Brocard siempre se titulaba “muy virtuoso varón en el arte de imprimir y ciudadano de Logroño”.

Visita del Rey Carlos I

1520, Carlos I visita Calahorra, Logroño y Nájera y presta juramento a los fueros de las ciudades.

Los Reyes católicos ya habían visitado Nájera y Logroño en 1492 pero especial relevancia cobra la visita del joven rey Carlos I (20 años) el 13 de Febrero de 1520 por el contexto histórico que vive el país en esos momentos.

Aunque lo que voy a exponer tiene menos que ver con la historia de Logroño como ciudad que con la historia de España en general, lo hago para que el lector haga memoria y sea capaz de interpretar lo que ocurrió aquí en esos años críticos. Para situarnos, vamos referirnos a acontecimientos que anteceden y envuelven esta visita:

  • Muere Fernando el Católico en 1516, el príncipe está ausente (Carlos vivía en Flandes, separado de su madre desde los 5 años y tan sólo tenía entonces 16 años de edad) y su madre y legítima heredera del trono de Castilla (Juana la ‘loca’) estaba confinada en Tordesillas, por su demencia, quedando los reinos bajo la regencia del Cardenal Cisneros, que fallece en Roa (Burgos) el 8 de Noviembre de 1517, cuando salía al encuentro del príncipe, sin llegar a entrevistarse con él.
  • 1517 Desembarca el príncipe Carlos en Asturias, procedente de Fleissinge (7 de septiembre) y después de visitar a su madre en Tordesillas hace su solemne entrada en Valladolid (18 Noviembre). Viene acompañado de un nutrido séquito de nobles y eclesiásticos flamencos a los que otorgó de inmediato los más importantes cargos del reino: entre otros, nombra arzobispo de Toledo a un sobrino del Señor de Chievres, su instructor, canciller de Castilla a Guillerno de Croix y eleva al rango de cardenal a su preceptor Adriano de Utrecht (más tarde papa con el nombre de Adriano VI).

Estas medidas sembraron el descontento en la nobleza y el clero en todos los reinos, pues aparte de frenar las aspiraciones de muchos nobles de recuperar las prerrogativas que la reina Isabel les había arrebatado, chocaban de plano con las leyes de las cortes castellanas derivadas del testamento de Isabel que prohibían dar cargos a extranjeros.

  • 1518. En Enero y Febrero se reúnen las cortes en Valladolid bajo la presidencia del flamenco Sauvaige y del obispo de Badajoz. Allí los procuradores del reino expresaron su protesta y exigieron del príncipe que jurase ‘los privilegios y libertades del pueblo’, si quería ser aceptadocomo rey y le presentaron 88 peticiones, entre las más importantes, que firmase su madre junto con él los documentos del reino y que reinase sola, si recuperaba la razón, (cosa que no ocurrió) que revocase los cargos concedidos a extranjeros, que aprendiera castellano … y así un largo etc. A medida que pasaba el tiempo, el descontento iba en aumento, pues los extranjeros seguían en sus puestos y Aragón no le reconocía como su rey. Después de 8 meses, las cortes de Aragón le aceptan no sin antes jurar las leyes, libertades y usos de Aragón.
  • 1519 En Febrero, se reunieron las Cortes Catalanas en Barcelona y allí fue aún más dura la oposición, aunque al final cedieron y acordaron concederle subsidios (para sus viajes al extranjero), si bien en menor cuantía que Castilla y Aragón.
  • 1519. Hallándose Carlos I en Montserrat, recibe la noticia de la muerte (11 de Enero) de su abuelo, el Emperador Maximiliano, cuya sucesión no era hereditaria, sino electiva. Como candidatos más fuertes se perfilaban Carlos I y Francisco I (de Francia), aunque en un primer momento la dieta de Frankfurt (17 Junio 1519) ofreció la corona a Federico ‘el prudente’ duque de Sajonia, que renunció, votando a favor de Carlos. El 28 de Junio se confirmó la elección y Carlos se había convertido en el emperador del Sacro Imperio Romano- Germánico.
  • 1520. El 20 de Enero sale de Barcelona y emprende viaje primero para Castilla, con destino a Alemania, en medio del descontento generalizado entre el clero, la nobleza y el pueblo que había provocado con sus primeras decisiones de gobierno y de la división de opiniones generada a raíz de su nombramiento como emperador. Muchos eran partidarios de que renunciara a la corona de emperador y se dedicara exclusivamente a resolver los múltiples problemas de la España heredada de los Reyes Católicos.
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