Logroño entre los siglos XVI y XVIII

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Logroño entre los siglos XVI y XVIII

Logroño entre los siglos XVI y XVIII

Sociedad

Las clases sociales de la época siguen ancladas en los modelos tradicionales de nobles, hidalgos, labradores y artesanos apareciendo una nueva distinción religioso social de cristianos viejos y cristianos nuevos que vino como consecuencia de la expulsión de los judíos o de la conversión impuesta a los moriscos.

La rica economía de la región provenía básicamente de la agricultura: el vino, las frutas y los cereales en el valle y la lana y la carne en los Cameros.

Economía

En lo económico prosperan de modo especial los profesionales, los comerciantes y artesanos y paulatinamente la nobleza va perdiendo influencia y poder económico con el paso de los siglos en favor de la pequeña burguesía. La población aumentó en las ciudades gracias a la llegada de familias vascas o montañesas que venían al Valle del Ebro en calidad de mozos de casa, mancebos de comercio, colonos, canteros, entalladores, oficiales y aprendices de diversos oficios y comerciantes. Así las ciudades de Nájera (4.225), Haro (2.500), Calahorra (5.260) y Santo Domingo (3.850) vieron crecer su población en más de 500 habitantes, mientras que Logroño creció de unos 6.500 a 7.000 habitantes, cifra ésta que se mantendría más o menos estable, hasta finales del S. XIX, al establecerse en la ciudad la primera industria que vino a la región: la ‘Tabacalera’.

Evolución

Este crecimiento hizo que los municipios compraran a la Corona los muros para entregarlos a la piqueta. Este es el origen en Logroño de las Calles Muro de la Mata y Muro del Carmen.

La irrupción del ‘estilo reyes Católicos’ en el S. XVI es un marcador de riqueza en toda la región y vino propiciado porla necesidad de ampliar los templos, debido, principamente al crecimiento de la población y al auge del catolicismo (Trento, Contrarreforma) así como de la llegada a España de los aires renacentistas. El nuevo estilo, de amplias áreas y grandiosas naves desplazó al románico y al gótico, de plantas más reducidas. El ejemplo más claro de esta evolución lo tenemos en las reducidas dimensiones de la Iglesia de San Bartolomé (románico) y la grandiosa amplitud de la Iglesia de Santiago.

Todos los pueblos y ciudades construyen, renuevan o amplían sus iglesias a partir de entonces, sufragando los cuantiosos contratos de obras con los impuestos y diezmos y con los hórreos y tazmías que percibían las parroquias. Canteros de Vizcaya y Trasmiera tallaron los bloques de los muros y contrafuertes de tanta construcción y ‘vizcaíno’ vino a ser sinómimo de cantero.

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