Los talleres de Imaginería

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Los talleres de Imaginería

Bajo el impulso de los obispos reformadores Bernal de Luco y Portocarrero, González de Castillo, Juan de Echalar y Pedro de Lepe y con la colaboración de frailes franciscanos, trinitarios, dominicos y mercedarios se inicia en La Rioja un movimiento religioso de austeridad moral y de especial devoción a Jesucristo, a la Virgen y a los Santos que cala en el pueblo y que explica la proliferación por todos los rincones de La Rioja y en particular en Logroño de la arquitectura religiosa y civil con la construcción de casas palaciegas, ayuntamientos, calles porticadas, puentes, iglesias, conventos, cruceros etc. con torres, fachadas, pórticos, retablos en estilos que van desde el gótico tardío con influencias burgalesas y flamencas hasta el neoclásico renacentista o el ‘romanismo’ (imitación de Miguel Angel) para terminar en el clasicismo barroco imperante en los S. 17 y 18.

Ante tanta demanda de obras de arte surgieron los talleres de imaginería y bordados, creándose una tupida red en los centros de mayor influencia de esa época: Logroño (Santa María de Palacio), Calahorra, Santo Domingo, Nájera, Briones, Haro y otros más, todo ellos con fuertes conexiones e influencias con Cabredo y Viana con los Bazcardo y Jiménez como maestros.

Toda una pléyade de artistas pintores, escultores, orfebres, arquitectos y canteros (muchos de ellos anónimos) dejaron sus huellas imborrables en las obras de sillería (Guillén de Holanda en los coros de Santo Domingo y Calahorra) y retablos de numerosas iglesias. En un principio, venían del extranjero (Holanda, Francia, Italia) o de otras regiones (Toledo, Burgos, Zaragoza, Vasconia) atraídos por los contratos de obra y por bonanza económica de la región y algunos se establecieron definitivamente en La Rioja.

Destacan como escultores los hermanos Guyot y Juan de Beogrant así como Arnao de Bruselas, Juan de Lorena o los ‘aragonesistas’ Damián Forment y su sobrino Bernalt que trabajaron conjuntamente o por separado en las Iglesias de Palacio o La Redonda en Logroño, pero también en Santo Domingo, Laguardia, San Vicente, Briones, Zaragoza y muchos otros lugares, dejando su estilo y ‘escuela’ en los talleres por donde pasaban.

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