Don Pedro Guerrero

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Don Pedro Guerrero

Antes de redactar la semblanza de quien, sin duda, es uno de los riojanos y de los españoles más esclarecidos de su tiempo, don Pedro Guerrero, hemos repasado las Obras completas de su gran amigo san Juan de Ávila, en las que se le cita continuamente.

De una forma especial nos hemos deleitado en las cinco cartas personales que el santo dirigió a su amigo, que era arzobispo de Granada, y con el tratado titulado “Causas y remedios de las herejías”, que san Juan de Ávila envió al Concilio de Trento en 1561 por indicación de don Pedro Guerrero, que llevó y presentó allí personalmente.

La amistad de ambos había nacido en las aulas de la universidad de Alcalá y fue creciendo con los años.

Al ser promovido a la sede arzobispal de Granada, don Pedro Guerrero no dejó de manifestar por todos los medios posibles su estima hacia el maestro de Ávila y quiso retenerlo cerca de sí, como el más celoso colaborador en su fecundo ministerio pastoral.

Don Pedro Guerrero y de Logroño nació en el pequeño y pintoresco pueblo riojano de Leza de Río Leza, encajonado en el valle, rodeado de abruptas montañas, entre ellas el monte Laturce, donde se asentaba el famoso monasterio cisterciense de San Prudencio y los históricos lugares de la no menos famosa batalla de Clavijo.

En 1535 fue elegido catedrático de teología en el colegio de Sigüenza y canónigo magistral.

Posteriormente fue doctoral de la catedral de Cuenca. Informado Carlos V de sus grandes letras, virtud y santidad, lo propuso para el arzobispado de Granada, en el que desarrolló una labor admirable.

Visitaba a pie todos los pueblos de su extensa archidiócesis, predicaba en ellos continuamente, y repartía en todas partes sabia doctrina teológica.

El papa Julio III le llamó expresamente en 1550 al concilio que mandaba celebrar en Trento, donde dio tan grandes muestras de santidad, prudencia, caridad y doctrina, que los padres del Concilio suspendían sus juicios cuando se había de votar algún artículo importante hasta reconocer el juicio que hacía don Pedro Guerrero.

Volvió a la nueva sesión conciliar de 1561 y dicen que era el primero en autoridad y crédito.

Estuvo dos veces en el Concilio de Trento.

Reformó severamente a los moriscos naturales de este Reino, a su instancia los prohibió el Rey Católico Don Felipe el avito y la lengua. Año 1573”.

Falleció en Granada el 3 de abril de 1576, después de haber regido aquel arzobispado durante 29 años.

En la parroquia de Leza, capilla del lado del evangelio, puede verse el escudo de armas de este arzobispo, así como un notable retrato en lienzo, estilo Pantoja, de amplias proporciones, cuya inscripción literal dice: “El Ilmo. Señor Don Pedro Guerrero, Arzobispo de Granada, del Consejo de Su Majestad.

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