El buen conde de Haro

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El buen conde de Haro

Don Pedro Fernández Velasco nació el año 1399, y según algunos autores, en Casalarreina.

El cronista de los Reyes Católicos, Hernando del Pulgar, en su obra clásica “Los claros varones de Castilla” elogia mucho sus cualidades morales diciendo que era “omme agudo e de buen entendimiento”, que no las físicas, pues asegura que “fue omme de mediana estatura, tenía las cervices torcidas, e los ojos un poco viscos”.

Fue uno de los hombres más influyentes en los reinados de Juan II (1406-1454), quien le concedió el condado de Haro en 1430 por su valerosa actuación en la tala de Granada y en la primera batalla de Olmedo, y en el de Enrique IV (1454-1474).

Hombre de gran autoridad y prudencia, es mantenedor del famoso “Seguro de Tordesillas” (1439), extraordinario episodio debido a su prestigio personal, pues los reyes de Castilla y Navarra, el inquieto infante don Enrique, el condestable don Álvaro de Luna y los revoltosos ricos hombres castellanos conferenciaron en aquel lugar fiados en su palabra y bajo su protección.

Su biblioteca es una de las primeras particulares de España, conocida a través de los trabajos del ilustre Paz y Meliá; buen humanista, con concepto clásico de la vida, creó la primera institución de crédito agrícola en nueve pueblos de Castilla, entre ellos Arnedo, en 1431, viniendo a ser la primera institución crediticia del mundo, de carácter benéfico social, al estilo de las Cajas de Ahorros; con ella se adelanta, pues, en treinta y un años al “Monte de Piedad” de Perugia (Italia) que se venía considerando hasta ahora la primera. También fundó en Arnedo, en el año 1456, el célebre monasterio franciscano de Vico.

Al cumplir los 60 años, se retiró a Medina de Pomar, rodeándose de doctos varones y llevando una vida casi monástica. Una sola vez salió de su retiro para tratar de mediar en los disturbios y las luchas entre el rey don Enrique IV y su hermano el príncipe don Alfonso; pero, fracasado su intento, se volvió a su cenobio franciscano, fundado por él en Medina de Pomar, donde murió en 1470.

Estuvo casado con doña Beatriz Manrique de Lara, hija del adelantado don Pedro Manrique de Lara.

La historia le conoce como “el buen conde de Haro”.

Entre los muchos señoríos que tuvo en toda España, destacamos los siguientes en La Rioja: Arnedo con sus entonces aldeas de Bergasa, Carbonera, Grávalos, El Villar de Arnedo, Tudelilla, Turruncún y Villarroya. Y el del condado de Haro y los siguientes lugares que comprendía entonces su jurisdicción Ajugarte, Ameyugo, Arenzana de Abajo, Briñas, Casalarreina, Casares, Cuzcurrita de Río Tirón, Estavillo, Herramélluri, Hervías, Portilla, La Puebla de Arganzón, Ribavellosa, Siete Lugares de la Rivera, Tuyo.

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