Esteban Manuel Villegas

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Esteban Manuel Villegas

Don Esteban Manuel Villegas nació en la villa riojana de Matute el día 5 de enero de 1589. Hacia 1595, la familia se traslada a Nájera, donde Villegas vivió la mayor parte de su vida y donde murió el 3 de septiembre de 1669, siendo sepultado en la iglesia de Santa María la Real de Nájera.

Es conocido muy justamente como “el cisne del Najerilla” y también como “el Anacreonte español”.

Villegas es uno de los más singulares humanistas y poetas de su tiempo.

Por los años 1610 a 1612 estudió Leyes en Salamanca, con grande reputación entre sus maestros y amigos.

Regresó luego a Nájera y, dando libre expansión a sus gustos poéticos, preparó y publicó en el mismo Nájera, en los talleres de Iván de Mongastón, año 1618, su primera obra titulada las “Eróticas o amatorias”. Esta obra, de la que existen ediciones modernas, se divide en cuatro partes: en la primera se incluyen las odas; en la segunda, versiones del libro primero de las odas de Horacio; en la tercera, las cantinelas; y en la cuarta, el Anacreonte traducido en la misma cadencia en que está en griego. A estas cuatro partes, que forman el libro primer, sigue un libro segundo de la misma obra, en el que se incluyen 14 elegías y 4 idilios.

Además de las Eróticas, Villegas trabajó en diversas obras literarias. Así, hacia 1650 tenía terminadas sus Disertaciones críticas, en las que invirtió ocho años y en las que estudia autores griegos y latinos. A continuación pone mano a la glosa del Código de Teodosio y a otra obra que titulo “Índice”. En 1665 se imprimen en Madrid “Los cinco libros de la consolación”, del poeta latino Severino Boecio, traducidos al castellano por Villegas.

Las Eróticas aseguraron un nombre al poeta matutense, como afirma su editor, Narciso Alonso Cortés. Con más exactitud; lo que dio a Villegas la totalidad de su fama fueron las Cantinelas y las Anacreónticas, tanto las traducidas de Anacreonte como las originales. La gracia, la flexibilidad, la soltura que en tales composiciones despliega Villegas, no tienen igual en nuestra poesía. La inmejorable suerte que ha alcanzado la cantinela del “pajarillo”, o aquella otra de:

Ya de los altos montes
las encumbradas nieves…,

corresponde, en rigor de justicia, a casi todas las cantinelas y anacreónticas de Villegas.

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