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Francisco Mateo Aguiriano y Gómez

Francisco Mateo Aguiriano y Gómez nació en Alesanco (La Rioja) en el año 1742.

El joven Aguiriano se forma jurídicamente en Toledo, desde donde se traslada a Méjico en 1766 acompañando a su protector, el arzobispo Lorenzana, quien, una vez ordenado sacerdote, le nombra rector de su Seminario Conciliar, participando como fiscal en el Concilio Provincial Mejicano celebrado en 1771; ese mismo año fue nombrado Vicario General del arzobispado.

Poco tiempo después de su regreso a España (1772) es nombrado Obispo Auxiliar de Madrid, a la temprana edad de treinta y tres años.

En el mes de mayo de 1790 tomó posesión del obispado de Calahorra y Santo Domingo de la Calzada.

Su actividad en la diócesis fue muy variada, preocupándose enseguida por la suerte de los niños sin hogar, construyendo para ellos un albergue para acogerles y educarles.

Puso al día la formación de los futuros sacerdotes, modernizando los planes de estudios, y mejorando notablemente las instalaciones del seminario conciliar.

En otro orden de cosas, cabe destacar su actuación como presidente de la Sociedad Económica Riojana, para cuyo cargo fue nombrado en 1801.

Pero fue, quizá, su faceta política (actividad en la que se vio envuelto merced a las circunstancias de su época y a su acendrado patriotismo) la que propició que se le conociera más allá de la provincia donde estaba enmarcada su diócesis.

En 1808, y para no verse obligado a colaborar con los franceses, que habían puesto pie en Calahorra y en la propia ciudad de Logroño, se aleja con pesar de La Rioja, a la que ya no volverá.

Respaldado por sus conocimientos jurídicos, redacta la respuesta al cuestionario que la Junta Central del Reino había enviado a las personalidades e instituciones más relevantes de la parte de España no ocupada por los franceses, exponiendo en ella los cambios que debía experimentar la organización de la nación.

Posteriormente es nombrado diputado en las Cortes de Cádiz por la Junta Superior de Burgos.

Su actuación en el terreno político se caracterizó por su modestia, juicio sereno y ponderación, dejando siempre patente, aún en su actuación como diputado, su condición de hombre de la Iglesia por encima de todo.

Como intelectual, se le puede considerar como moderadamente conservador, posición a la que llegó partiendo de posturas que algunos consideran absolutistas.

El obispo Aguiriano, a pesar de representar a la Junta Suprema de Burgos, firmó las actas de las Cortes de Cádiz como “Obispo de Calahorra”, nombre por el que siempre fue designado.

Francisco Mateo Aguiriano y Gómez
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