Fray Juan Ramírez

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Fray Juan Ramírez

Fray Juan Ramírez nació en Murillo de Río Leza el 21 de septiembre de 1529, hijo de modestos labradores, y murió, siendo obispo de Guatemala, el 24 de marzo de 1609, poco antes de cumplir 80 años de edad.

Ingresa como religioso dominico en el convento de Logroño, que estaba bajo la advocación de la Virgen de Valcuerna, y continúa sus estudios en Salamanca, donde los dominicos tenían y tienen el gran colegio de San Esteban, en el que fray Juan Ramírez trató con grandes teólogos de su tiempo.

Hacia 1570 es destinado fray Juan a Méjico, conocida entonces como la Nueva España, y comienza su carrera apostólica por la provincia de Oaxaca, entre los indios chocos. En aquellas aldeas situadas en la serranía debió de sufrir una angustiosa impresión al comprobar la conducta que se seguía con los naturales del país. Reaccionó varonilmente y adoptó la firme resolución de dedicar su vida a la defensa de los indios; y para empezar, en menos de tres meses aprendió su lengua, para mejor compenetrarse con ellos.

Poco después es destinado al convento central de Méjico como maestro de Teología, definidor y calificador de la Inquisición, lo que no le hace olvidar su firme vocación de amparar a los indios.

Constantemente visitaba los territorios más apartados de la Nueva España, muchos de ellos realmente inexplorados.

No satisfecho de los resultados parciales que iba obteniendo con sus gestiones a niveles intermedios y a través de sus cargas, logró obtener permiso de su Orden, pese a las dificultades que intentaron ponerle las autoridades coloniales, para trasladarse a España y tratar el asunto a los más altos niveles.

Después de un accidentado viaje, en el que fue hecho prisionero y rehén por los ingleses, llega a España en los primeros meses de 1595, y tras duras gestiones logra entrevistarse varias veces con Felipe II, que le escucha, le atiende y le comprende.

Ordena el rey que su Consejo Real de Indias reciba amplia información de fray Juan. Impresos andan dos preciosos informes del misionero riojano, del 10 y del 20 de octubre de 1595, respectivamente, sobre la situación de los indios y de los remedios que propone para su mejoramiento.

Jesús de Leza los publicó y comentó en un trabajo en la revista “Berceo”, del año 1952, al que remitimos. En 1600 es nombrado obispo de la extensa diócesis de Guatemala, que gobernó, como dicen sus biógrafos, santa y felizmente.

El dominico riojano está considerado como uno de los grandes defensores de los indios en aquel siglo XVI.

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