Luciano Bastida Hernáez

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Luciano Bastida Hernáez

Luciano Bastida Hernáez:

Nació en Cenicero el 8 de Enero de 1812, hijo de Tadeo Bastida y María Benita, heroína en el asedio carlista a la torre de la Iglesia.

Ocurrieron los acontecimientos del 21 al 22 de Octubre. Los carlistas obligaron a Doña Benita Hernáez, que tenía dos hijos encerrados en la torre, uno era Luciano que tenía 22 años y el otro Félix, para que les obligara a la rendición obteniendo a cambio el perdón; doña Benita les conminó a resistir con estas palabras:”Hijos míos: me obligan a que os diga que entreguéis las armas, pero yo os aconsejo que os defendáis hasta el último aliento; y si me traen por delante con vuestras hermanas, matadnos antes que rendiros”. Sus hijos conmovidos la obligaron a encerrarse con ellos.

Su abuelo paterno fue abogado de las Reales Órdenes. Luciano con 22 años había terminado la carrera de leyes en Madrid. No tardó mucho tiempo en ser nombrado teniente fiscal de la Audiencia de Oviedo, pasando a ocupar el mismo cargo a la Audiencia de La Coruña. Y en Galicia se enfrentó Luciano a su mayor reto como fiscal en el único juicio celebrado en España de licantropía: el ‘Caso del hombre-lobo de Allariz’ contra Manuel Blanco Romasanta.

Éste(Orense, 1809) era un sastre bajito (medía 1,37 cm), rubio, de facciones femeninas e inteligente (sabía leer y escribir), que llevaba una vida normal hasta el fallecimiento de su esposa. Desde entonces se dedicó a la venta ambulante de ungüento (grasa humana) por Galicia. Acusado de matar a un alguacil en Ponferrada, se ocultó durante meses hasta que volvió a aparecer en Rebordechao (Orense), en donde desempeñó oficios como el de tejedor, en esa época más propio de la mujer, por lo que se ganó el sambenito de «afeminado» entre los más intransigentes.

Por aquel entonces comenzaron sus brutales asesinatos, que perpetraba en los cercanos bosques de Redondella y Argostios tomando como víctimas a mujeres y niños. Aunque durante años logró eludir el acoso de la Guardia Civil y de la Justicia, el cerco comenzó a estrecharse de tal manera que Romasanta tuvo que refugiarse en Castilla como segador, hasta que fue capturado en Nombela (Toledo).

En el juzgado orensano de Allariz fue procesado y condenado a muerte por 13 crímenes, pese a que él siempre defendió que actuaba como hombre-lobo, víctima de un sortilegio. Pero cuando el fiscal Bastida le inquirió para que hiciera una demostración al tribunal, Romasanta afirmó que «la maldición solo dura trece años y la semana pasada se cumplió el plazo y me curé». Como los médicos dictaminaron que el acusado se hallaba en pleno uso de sus facultades, se le condenó a morir en el garrote vil. Isabel II evitó la ejecución «en aras de la ciencia».

El ‘Caso Romasanta’ traspasó fronteras, dio lugar a cantares de ciego, estudios científicos, novelas, documentales y películas. El primer filme, ‘El bosque del lobo’ (1970), fue dirigido por Pedro Olea, aunque el asesino respondía al nombre ficticio de Benito Freire, interpretado por José Luis López Vázquez. El segundo de los largometrajes, ‘Romasanta’ (2004), fue realizado por Paco Plaza sobre la novela de Alfredo Conde, y protagonizado por Julian Sands, Elsa Pataky, John Sharian y Gary Piquer, en el papel del fiscal riojano.

Por el excelente trabajo realizado en este caso le nombraron magistrado de la Audiencia de Madrid, llegando a ser magistrado del Tribunal Supremo. Era Caballero de la Real y Distinguida Orden de Isabel la Católica y la de Carlos III. Por la defensa de la torre de Cenicero le concedió Isabel II una Cruz de Oro y el Lazo de Honor, como a sus otros compañeros. No olvidó sus raices riojanas y en numerosas ocasiones venía a pasar una temporada a Cenicero, lo hizo en varias ocasiones en compañía de la célebre escritora gallega Concepción Arenal, madre política de uno de sus hijos.

Falleció en Ponferrada el 22 de noviembre de 1872, siendo trasladados sus restos años más tarde a La Coruña

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