San Felices de Bilibio

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San Felices de Bilibio

En tiempo de los godos hubo en La Rioja una floración esplendorosa de anacoretas que buscaban el silencio y la soledad de los montes, o las grutas que se asoman a los ríos, para su vida de retiro y de entrega a Dios. He ahí el origen primero de algunos de nuestros famosos monasterios riojanos o de escondidas ermitas de nuestros campos.

La vida de la mayoría de estos eremitas visigodos riojanos se ha perdido en el mayor de los anonimatos; pero la Providencia divina quiso que llegara hasta nosotros el ejemplo de alguno de ellos, como muestra y estímulo de una época esforzada que iba constituyendo el ser histórico de nuestro pueblo.

Es muy claro el caso de san Felices de Bilibio. Se salvó del anonimato gracias a la “Vida de San Millán” que escribió tempranamente san Braulio, obispo de Zaragoza, que tuvo un hermano en el cenobio emilianense y visitó personalmente estos parajes en la primera mitad del siglo VII. Posteriormente, Gonzalo de Berceo puso en castellano y en verso estas vidas latinas escritas por san Braulio.

San Felices fue uno de estos santos anacoretas riojanos delsiglo V. Se retiró al risco más alto de Bilibio, en las llamadas Conchas de Haro, frente a Salinillas de Buradón, para hacer vida solitaria apartado del bullicio de las gentes y las ilusiones del mundo. Allí llegó un día un joven de Berceo, llamado Millán, suplicando que le admitiera como discípulo. Así lo dice Gonzalo de Berceo:

Sopo que San Felices en Bilibio moraba,
La hora de verle, veer non la cuidaba.
Non lo metió por plazo, nin lo quiso tardar,
movióse de la sierra, empezó a desprunar,
por medio de Valpierri un sequero logar,
fasta que en Villuvio ovo de arrivar.
(versos 15-20)

La gloria mayor de san Felices es haber sido maestro de san Millán. Sus restos se encuentran actualmente en sendas arquetas en las que se incrustan las universalmente famosas placas de marfil del siglo XI. Las reliquias de los dos santos son sacadas anualmente en procesión por el patio del monasterio de San Millán, mientras los mozos del pueblo interpretan en su honor ancestrales y bellas danzas del país.

San Felices es patrono de la ciudad de Haro.

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