Sancho de Londoño

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Sancho de Londoño

Sancho de Londoño nació en Hormilla por los años 1535, en el seno de una antigua y renombrada familia de la región.

Pronto se alistó al servicio de las armas y se hizo célebre en las campañas de Flandes a las órdenes del duque de Alba.

Cuentan que como maestre de campo del primer tercio, llamado de Lombardía, derrotó el 25 de abril de 1568, en las inmediaciones del río Mosa, con 700 infantes y 200 de caballería, a las tropas del príncipe de Orange, que se componían de 2200 infantes, aparte la caballería, muriendo de éstos 1700 y cayendo prisioneros 70, con la sola pérdida por parte de los españoles de 13 muertos y 38 heridos.

El duque de Alba, queriendo dar a las tropas una norma que les sirviese de guía y enseñanza, encargó a Londoño que estudiara y compusiera unas reglas sobre el ejército, lo que hizo cumplidamente publicando un excelente libro, pionero en la materia, titulado “Discurso sobre la forma de reducir la disciplina militar al mejor y antiguo estado”, cuya aceptación fue tan grande que en el solo transcurso de seis años se hicieron tres ediciones en Bruselas y en Madrid; aún hoy ocupa un lugar muy distinguido en la bibliografía militar española.

La obra comprende la organización de la compañía, del tercio y del ejército, que por entonces eran las tres solas unidades tácticas y orgánicas; los deberes y las funciones de los grados, desde general a cabo de escuadra; algunas advertencias sobre armamentos, marchas y castramentación; y, por último, unos cuantos artículos de leyes penales. El interés moderno de esta obra está en que constituye un notable cuadro del ejército de Flandes y una fuente histórica de primer orden. Por eso se busca tanto este libro en el día de hoy. También escribió otros dos libros titulados “Arte militar” y “Comentario hecho por el ilustre caballero Don Sancho de Londoño”.

El conde de Cleonart, citado por Francisco Javier Gómez en su obra sobre varones ilustres de La Rioja, dice que Londoño fue siempre oficial severo, amante de la disciplina, y más propio para excitar con su ejemplo que con sus palabras a las acciones arriesgadas.

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